Fallos de implantación: ¿por qué no consigo quedar embarazada? Unidad especializada para la valoración multidisciplinar.

La implantación embrionaria es un proceso complejo que requiere sincronía entre un embrión sano y el endometrio receptivo. El fracaso repetido de dos o más ciclos de fecundación in vitro con embriones de calidad en cada uno, son fallos de implantación. Esta es una de las situaciones que más frustración crea en la pareja, y uno de los mayores retos a los que se enfrenta el equipo de la Unidad de Reproducción Vistahermosa. El fallo de implantación requiere un abordaje técnico que se realiza desde el servicio especializado con evaluación integral y estudio personalizado para establecer un rápido diagnóstico.

¿Cuál es la causa de que el embrión no llegue a anidar en el útero materno?, y si lo hace, ¿por qué se padece un aborto temprano? En muchos casos existe una combinación de factores que hace necesario el estudio de los tres pacientes: la mujer, el hombre y el embrión.

Un estudio correcto del fallo embrionario de implantación requiere una valoración multidisciplinar. El servicio especializado en fallos de implantación de la Unidad de Reproducción Vistahermosa realiza procesos especializados donde se implican ginecólogos, endocrinólogos, biólogos moleculares, genetistas y embriólogos conformando un servicio especializado en inmunología reproductiva.

En la mayoría de los casos, el problema se focaliza en la edad materna, y también puede influir el factor masculino y la calidad del esperma, la calidad del embrión y posibles patologías uterinas desconocidas. Otra posibilidad que se especula es la insuficiencia del endometrio.

  • Alteraciones anatómicas uterinas. En la mujer es esencial un estudio de la cavidad uterina a través de histerosalpingografías, ecografías o histeroscopias, para descartar o diagnosticar la presencia de malformaciones como cavidad uterina dividida en dos partes por un tabique central, miomas, pólipos, fibromas, adherencias en el tejido cicatricial o la insuficiencia cervical, que se produce cuando el cuello del útero es incapaz de soportar el embarazo, abriéndose de forma prematura y provocando la pérdida.
  • Alteraciones cromosómicas en los progenitores. Con el análisis de los cariotipos de la pareja, es decir, del patrón cromosómico, mediante un sencillo análisis de sangre, es posible averiguar si existe alguna anomalía en su organización. Las alteraciones estructurales pueden dificultar el embarazo al provocar alteraciones en el seminograma en los varones o fallo ovárico en las mujeres, pero también pueden dar lugar a abortos de repetición o fallos de implantación bien de forma espontánea o tras un tratamiento de fecundación in vitro.
  • Anomalías cromosómicas en el embrión. La mayoría de las pérdidas fetales son debidas a las alteraciones cromosómicas que se dan en el embrión que impiden su viabilidad. En estos casos es necesaria la aplicación del Test Genético Preimplantacional a los embriones resultantes del ciclo de fecundación in vitro, con el que se detecta qué embriones tienen anomalías para descartarlos y seleccionar los que sean sanos y se encuentren libres de alteraciones cromosómicas. Estos serán los seleccionados para transferir al útero materno, con capacidad de implantar y evolucionar en un embarazo a término.
  • Test de receptividad endometrial. En los casos en que se sospecha que la ventana de implantación es distinta al promedio, se recurre al test ERA (Endometrial Receptivity Array), que diagnostica en qué momento el endometrio es receptivo y ayuda a determinar la fecha en que debe realizarse la transferencia embrionaria.

Otras causas que pueden estar implicadas en el fallo de implantación son las inmunológicas. Un sistema inmunitario que no funciona implica fallos de implantación en embriones, abortos y problemas en el embarazo. Es importante que se produzca un estado de tolerancia entre los sistemas inmunitarios de la madre y del embrión para que el embarazo evolucione satisfactoriamente.

Asimismo, el síndrome antifosfolípido provoca alteraciones en la coagulación de la sangre materna que impiden la formación de la placenta o el desarrollo del feto, lo que exige un abordaje multidisciplinario médico-obtétrico, así como una intervención terapéutica basada en la combinación del ácido acetil salicílico y las inyecciones de heparina de bajo peso molecular

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